jueves, 13 de junio de 2013

EDICIONES MARIATEGUI    Santiago (Chile) - 1962

Bolchevismo y Stalinismo

Sobre la cuestión de las raíces

teóricas e históricas de

la IV Internacional   

Leon Trotsky

 



Épocas reaccionarias como la actual, no sólo debilitan y desintegran a la clase obrera aislándola de su vanguardia, sino que también rebajan el nivel ideológico general del movimiento, rechazando hacia atrás el pensamiento político, hasta etapas ya superadas desde hace mucho tiempo. En estas condiciones la tarea de la vanguardia consiste, ante todo, en no dejarse sugestionar por el reflujo general: es necesario avanzar contra la corriente. Si las desfavorables relaciones de fuerzas no permiten conservar las antiguas posiciones políticas, por lo menos hay que conservar las posiciones ideológicas, pues la experiencia tan cara del pasado se ha concentrado en ellas. Ante los ojos de los mentecatos, tal política aparece como "sectaria". En realidad no hace más que preparar un salto gigantesco hacia adelante impulsada por la oleada ascendente del nuevo periodo histórico.

REACCIÓN CONTRA EL MARXISMO Y EL COMUNISMO

Las grandes derrotas políticas, provocan inevitablemente una revisión de valores, la que en general se lleva a cabo en dos direcciones. Por una parte el pensamiento de la verdadera vanguardia, enriquecido por la experiencia de las derrotas, defiende con uñas y dientes la continuidad del pensamiento revolucionario y se esfuerza en educar nuevos cuadros para los futuros combates de masas. Por otra, el pensamiento de los rutinarios, de los centristas y de los diletantes, atemorizado por las derrotas, tiende a derrocar la autoridad de la tradición revolucionaria y vuelve al pasado con el pretexto de buscar una "nueva verdad".
Se podrían aportar infinidad de ejemplos de reacción ideológica que muy a menudo adopta la forma de postración. En el fondo, toda la literatura de la II y, III Internacional y la de sus satélites del Bureau de Londres (1), constituyen ejemplos de este género. Ni un renglón de análisis marxista. Ni una tentativa seria para aclarar las causas de las derrotas. Ni una palabra nueva sobre el porvenir. Solamente clichés, rutina, mentiras y ante todo, preocupaciones para salvar su posición burocrática. Bastan diez líneas de cualquier Hilferding o de Otto Bauer (2), para sentir ya el olor de podredumbre. De los teóricos del "Comintern"(3) es mejor no hablar. El célebre Dimitrov(4) es tan ignorante y trivial como el más simple almacenero. El pensamiento de estas personas es muy perezoso para renegar del marxismo: lo prostituyen. Pero actualmente no son estos señores los que nos interesan. Veamos los "innovadores".
El ex comunista austriaco, Willi Schlamm, ha consagrado un opúsculo a los procesos de Moscú (5) con el expresivo titulo de "Dictadura de la mentira". Schlamm es un periodista talentoso, cuyo principal interés está dirigido hacia los asuntos de actualidad. Hizo una excelente critica de las falsificaciones de Moscú y puso al desnudo la mecánica psicológica de las "confesiones voluntarias". Pero como no se da por satisfecho con esto, quiere crear una nueva teoría del socialismo que asegure el porvenir contra las derrotas y las falsificaciones. Como Schlamm no es un teórico y según sus declaraciones está  muy poco familiarizado con la historia del desarrollo del socialismo, creyendo hacer un descubrimiento, presenta un socialismo anterior a Marx, que además de ser una variedad atrasada del socialismo alemán, es dulzón e insulso. Schlamm renuncia a la dialéctica y a la lucha de clases, sin hablar de la dictadura del proletariado. Para él, la tarea de la transformación de la sociedad se reduce a la realización de algunas verdades "eternas" de la moral, con las que se prepara para impregnar a la humanidad desde ahora, bajo el régimen capitalista. La revista de Kerenski(6) "Novaia Rossia" (antigua revista provincial rusa que se publica en París) no solamente adopta con alegría, sino que también con nobleza, la tentativa de Willi Schlamm de salvar el marxismo por medio de una inoculación de linfa moral. Según la justa conclusión de la redacción, Schlamm alcanza los principios del verdadero socialismo ruso, que ya había opuesto con anterioridad, a la ruda lucha de clases, los principios sagrados de la fe, esperanza y el amor.
Por cierto que la doctrina original de los "socialistas-revolucionarios" rusos, representa en sus premisas teóricas un retorno al socialismo de la Alemania anterior a Marzo de 1848. Sin embargo, sería demasiado injusto exigir de Kerenski, un conocimiento más profundo de la historia de las ideas del socialismo, que de Schlamm. Mucho más Importante es el hecho de que Kerenski, que ahora se solidariza con Schlamm, fue, como jefe de gobierno, el iniciador de las persecuciones contra los bolcheviques, tratándolos como agentes del Estado Mayor Alemán, es decir, que organizó las mismas falsificaciones, para luchar contra las cuales, Schlamm moviliza ahora verdades metafísicas sacadas de los mitos.
El mecanismo psicológico de la reacción intelectual de Schlamm y de sus semejantes, es muy simple. Durante algún tiempo estas personas han participado en un movimiento político que juraba por la lucha de clases e invocaba, de palabra, la dialéctica materialista. Tanto en Alemania como en Austria, este movimiento terminó con una catástrofe. Schlamm saca la siguiente conclusión sumaria "¡Ved adónde conducen la lucha de clases y la dialéctica!". Y como el número de descubrimientos está  limitado por la experiencia histórica... y por la riqueza de los conocimientos personales, nuestro reformador en su búsqueda de una nueva fe, ha encontrado verdades antiguas, desechadas hace tiempo, que opone denodadamente no solamente al bolchevismo, sino también al marxismo.
A simple vista, la variedad de reacción ideológica presentada por Schlamm, es tan primitiva (de Marx... a Kerenski) que no vale la pena detenerse en ella. Sin embargo, es extremadamente instructiva: precisamente gracias a su carácter primitivo representa el denominador común de todas las otras formas de reacción, y ante todo el renunciamiento total al bolchevismo.

"VUELTA AL MARXISMO"

El marxismo ha encontrado su expresión histórica más grandiosa en el bolchevismo. Bajo la bandera del bolchevismo el proletariado obtuvo su primera victoria y fundó el primer estado obrero.
Ninguna fuerza será capaz de borrar estos hechos históricos. Pero, como la revolución de Octubre ha conducido al estado actual, es decir al triunfo de la burocracia, con sus sistemas de opresión, de falsificación y de expoliación -a la dictadura de la mentira- según la justa expresión de Schlamm, numerosos espíritus formalistas y superficiales, se inclinan ante la sumaria conclusión de que es imposible luchar contra el Stalinismo, sin renunciar al bolchevismo. Como ya sabemos, Schlamm va aún más lejos: el Stalinismo, que es la degeneración del bolchevismo, es también un producto del marxismo; en consecuencia, es imposible luchar contra el Stalinismo sin apartarse de las bases del marxismo. Gentes menos consecuentes, pero más numerosas dicen por lo contrario: "hay que volver del bolchevismo al marxismo". Pero... ¿Por qué camino? ¿A qué marxismo? Antes de que el marxismo "fuese a la bancarrota" en forma de bolchevismo, ya se había hundido bajo la forma de social-democracia. La consigna "volver de nuevo al marxismo" significa dar un salto sobre la II y la III Internacional hacia... ¡la I Internacional! Pero también esta fue derrotada. Resumiendo: se trata de volver en definitiva... a las obras completas de Marx y Engels. Para dar este salto heroico, no hay necesidad de salir del gabinete de trabajo, ni siquiera de quitarse las pantuflas. Pero, ¿cómo pasar de golpe de nuestros clásicos (Marx murió en 1883 y Engels en 1895) a las tareas de la nueva época, dejando de lado la lucha teórica y política de muchas decenas de años, lucha que comprende también el bolchevismo y a la Revolución de Octubre? Ninguno de los que se proponen renunciar al bolchevismo como tendencia históricamente en "bancarrota", ha indicado nuevos caminos.
Para ellos todo se reduce al simple consejo de estudiar EL CAPITAL. Contra esto no tenemos nada que objetar. Pero también los bolcheviques han estudiado EL CAPITAL, y no del todo mal. Sin embargo, eso no impidió la degeneración del Estado Soviético y la "mise en scéne" de los procesos de Moscú. ¿Qué hacer entonces? ¡Es verdad, por lo tanto, que el Stalinismo representa el producto legítimo del bolchevismo, como lo cree toda la reacción, como lo afirma el mismo Stalin, como lo piensan los mencheviques, los anarquistas y algunos doctrinarios de izquierda, que se consideran marxistas? "Siempre lo habíamos predicho -dicen- habiendo comenzado con la prohibición de los distintos partidos socialistas, con el aplastamiento de los anarquistas, estableciéndose la dictadura de los bolcheviques en los soviets, la Revolución de Octubre no podía dejar de conducir a la dictadura de la burocracia. El Stalinismo a la vez es la continuación y la negación del leninismo"

¿ES EL BOLCHEVISMO RESPONSABLE DEL STALINISMO?


El error de este razonamiento comienza con la identificación tácita, del bolchevismo, de la Revolución de Octubre, y de la Unión Soviética. El proceso histórico, que consiste en la lucha de fuerzas hostiles es reemplazado por la evolución abstracta del bolchevismo. Sin embargo el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la U. R. S. S. además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El estado creado por los bolcheviques refleja, no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro. Representar el proceso de la degeneración del estado soviético como la evolución del bolchevismo puro, es ignorar la realidad social. pues considera uno solo de sus elementos aislándolo de una manera puramente lógica. Basta con llamar este error elemental por su verdadero nombre, para que no quede nada de él.
El mismo bolchevismo jamás se ha identificado con la Revolución de Octubre ni con el Estado Soviético que de ella surgió El bolchevismo se consideraba como uno de los factores históricos, su factor "consciente", factor muy importante pero no decisivo. Nunca hemos pecado de subjetivismo histórico.
Veíamos el factor decisivo, - sobre la base dada por las fuerzas productivas -, en la lucha de clases, no sólo en escala nacional sino también internacional.
Cuando los bolcheviques hacían concesiones a las tendencias pequeño-burguesas de los campesinos; cuando establecían reglas estrictas para el ingreso al Partido; cuando depuraban este partido de elementos que le eran extraños; cuando prohibían a los otros partidos; cuando introducían la N. E. P.,(7) cuando cedían las empresas en forma de concesiones; o cuando firmaban acuerdos diplomáticos con los gobiernos imperialistas, extraían de este hecho fundamental, conclusiones que, desde el comienzo les era teóricamente claro: la conquista del poder, por muy importante que sea, no convierte al partido en el dueño todopoderoso del proceso histórico.
Ciertamente, después de haberse apoderado del aparato del Estado, el partido tiene la posibilidad de influenciar con una fuerza sin precedentes, en el desarrollo de la sociedad, pero en cambio es sometido a una acción múltiple por parte de todos los otros elementos de esta sociedad. Puede ser arrojado del poder por los golpes directos de las fuerzas hostiles. Con el ritmo más lento de la evolución. puede degenerar interiormente, aunque se mantenga en el poder. Es precisamente esta dialéctica del proceso histórico, la que no comprenden los razonadores sectarios que tratan de encontrar un argumento definitivo contra el bolchevismo, en la putrefacción de la burocracia Stalinista. En el fondo esos señores dicen: "un Partido revolucionario es malo cuando no lleva en sí mismo garantías contra su degeneración".
Enfocado con un criterio semejante, el bolchevismo está  evidentemente condenado: no posee ningún talismán. Pero ese mismo criterio es falso. El pensamiento científico exige un análisis concreto: ¿Como y por qué el partido se ha descompuesto?, hasta ahora nadie ha hecho este análisis fuera de los bolcheviques. No por eso han tenido necesidad de romper con el bolchevismo. Por el contrario, es en el arsenal del bolchevismo donde han encontrado todo lo necesario para explicar su destino. La conclusión a la cual llegamos es la siguiente: evidentemente el Stalinismo ha "surgido" del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana. Que no es una misma cosa.

EL PRONOSTICO FUNDAMENTAL DEL BOLCHEVISMO

Sin embargo, los bolcheviques no han tenido necesidad de esperar los procesos de Moscú, para explicar a posteriori las causas de la descomposición del partido dirigente de la U. R. S. S. Hace mucho tiempo que habían previsto la posibilidad teórica de una variante semejante en su evolución y de antemano se hablan expresado sobre ella. Recordemos, pronóstico que habían hecho los bolcheviques no solamente en vísperas de la Revolución de Octubre. sino también un buen número de años antes. La agrupación fundamental de las fuerzas, a escala nacional e internacional, abre, por primera vez, para el proletariado de un país tan atrasado como Rusia, la posibilidad de llegar a la conquista del poder. Pero ese mismo agrupamiento de fuerzas permite asegurar de antemano, que sin la victoria más o menos rápida del proletariado de los países adelantados el Estado obrero no podría  mantenerse en Rusia. El régimen soviético abandonado a sus propias fuerzas, caerá  o degenerará . Más exactamente: primero degenerará y luego caerá  rápidamente. He tenido oportunidad de escribir sobre esto, más de una vez, desde 1905. En mi "Historia de la Revolución Rusa" (apéndice al ultimo tomo, "Socialismo en un solo país" ) hay una reseña de lo que han dicho a este respecto los jefes del bolchevismo desde 1917 hasta 1923. Todo se reduce a una sola cosa: sin revolución en Occidente el bolchevismo será  liquidado por la contra-revolución interna; por la intervención extranjera, o por su combinación. En particular, Lenin ha indicado más de una vez, que la burocratización del régimen soviético no es una cuestión técnica o de organización, sino que es el comienzo de una posible degeneración social del Estado Obrero. En el XI Congreso del partido, en Marzo de 1922, Lenin habla del "apoyo" que estaban decididos a ofrecer a la Rusia Soviética durante la época de la N. E. P., algunos políticos burgueses y en particular el profesor liberal Oustrialov. "Estoy por el sostenimiento del gobierno soviético en Rusia -dijo- aunque sea un cadete, un burgués que ha sostenido la intervención... por que ha entrado en el camino del poder burgués ordinario". Lenin prefiere la voz cínica del enemigo a los "dulces arrullos comunistas", y ha advertido al partido de ese peligro con estas palabras de ruda sobriedad: "Cosas como las que dice Oustrialov son posibles, hay que confesarlo. La historia conoce transformaciones de toda ¡índole; apoyarse en la convicción, la devoción y otras excelentes cualidades morales, es una cosa nada seria en política. Excelentes cualidades morales existen en un número ínfimo de personas, pero son las grandes masas las que deciden los desenlaces históricos, masas que tratan con poca benevolencia a ese escaso número de personas, si éstas le son poco gratas". En una palabra, el partido no es el único factor de la evolución y, en una gran escala histórica, no es un factor decisivo.
Sucede que una nación conquista a otra - continúa Lenin en el mismo Congreso, el ultimo en que participó -, esto es muy simple y comprensible a cualquiera. ¿Pero que sucede con la civilización de esos países? Esto ya no es tan simple. Si la nación que ha hecho la conquista tiene una civilización superior a la nación vencida, aquella le impone su civilización; pero si sucede lo contrario, la nación vencida le impone la suya a la nación conquistadora. No ha pasado algo semejante en la capital de la R. S. F. S. R., y no sucedió que 4.700 comunistas (casi toda una división de la mejor entre las mejores) se han visto sometidos a una civilización extranjera?". Esto fue dicho al comienzo de 1922, y no por primera vez. La historia no la hacen algunos hombres, -aunque sean "los mejores entre los mejores", y más aún, esos "mejores" pueden degenerar en el sentido de una civilización "extranjera", es decir, burguesa. No solamente el Estado Soviético puede alejarse del camino socialista, sino que también el partido bolchevique puede, en condiciones históricas desfavorables, perder su bolchevismo.
Es con la clara comprensión de este peligro, que nació la oposición de izquierda, definitivamente formada en 1923. Registrando diariamente los síntomas de degeneración, se esforzó por oponer al termidor amenazante la voluntad consciente de la vanguardia proletaria. Sin embargo, ese factor subjetivo resultó insuficiente. Las "masas gigantescas" que, según Lenin, deciden los desenlaces de la lucha, estaban cansadas por las privaciones propias del país y por una espera demasiado prolongada de la revolución mundial. Las masas perdieron la energía. La burocracia adquirió ventajas. Dominó a la vanguardia proletaria, pisoteó el marxismo, prostituyó al partido bolchevique. El Stalinismo resultó victorioso. Bajo la forma de oposición de izquierda, el bolchevismo rompió con la burocracia soviética y con su Comintern. Tal es la verdadera marcha de la evolución.
Ciertamente, en un sentido formal, el Stalinismo surgió del bolchevismo. Aún hoy, la burocracia de Moscú continúa llamándose partido bolchevique. Si utiliza la antigua etiqueta del bolchevismo lo hace simplemente para engañar mejor a las masas. Tanto más lastimosos son los teóricos que toman la cáscara por el carozo, la apariencia por la realidad. Identificando el Stalinismo con el bolchevismo prestan el mejor favor a los termidorianos y, por lo mismo, representan un papel manifiestamente reaccionario.
Con la eliminación de todos los otros partidos de la arena política, los intereses - y las tendencias contradictorias de las diversas capas de la población deben, en mayor o menor grado, encontrar su expresión dentro del partido dirigente, A medida que el centro de gravedad político, se desplazaba de la vanguardia proletaria, hacia la burocracia, el partido se modificaba, tanto en su composición social como en su ideología. Gracias a la marcha impetuosa de la evolución en el curso de los últimos quince años, ha sufrido una degeneración más radical que la social-democracia durante medio siglo. La depuración actual traza entre el Stalinismo y el bolchevismo no una simple raya sangrienta, sino todo un río de sangre.
La exterminación de toda la vieja generación bolchevique, de una gran parte de la generación ¡intermedia que había participado en la guerra civil, y también de una parte de la juventud que había tomado más en serio las tradiciones bolcheviques, de muestra la incompatibilidad no solamente política si no también directamente física, entre el bolchevismo y el Stalinismo. ¿Como es posible que no se vea esto?

STALINISMO Y "SOCIALISMO DE ESTADO"


Los anarquistas, por su parte, tratan de ver en el Stalinismo, además del producto orgánico del bolchevismo y del marxismo, el del "socialismo de estado" en general. Ellos consienten en reemplazar la patriarcal "federación de comunas libres" de Bakunin, por una federación más moderna de Soviets libres. Pero, ante todo, se oponen al estado centralizado. En efecto, una rama del marxismo "de estado", la social-democracia, una vez llegada al poder se ha convertido en una agencia declarada del capital. Otra, ha engendrado una nueva casta de privilegiados. Y claro, el origen del mal está  en el Estado. Considerando esto con amplio criterio histórico, se puede encontrar una pizca de verdad en este razonamiento. El Estado, en tanto que aparato de opresión, es incontestablemente, una fuente de infección política y moral. Como la experiencia lo demuestra, esto es aplicable también al Estado Obrero. En consecuencia, se puede decir que el Stalinismo es el producto de una etapa histórica, en que la sociedad no ha podido arrancarse aún el chaleco de fuerza del Estado. Pero esta situación no nos da ningún elemento que permita apreciar el bolchevismo o el marxismo, sino que sólo caracteriza el nivel general de la civilización humana, y, ante todo, la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Después de ponemos de acuerdo con los anarquistas de que el Estado, aun el Estado Obrero, está engendrado por la lucha de clases y de que la verdadera historia de la humanidad comenzara con la abolición del estado; queda planteado ante nosotros el siguiente problema: ¿Cuáles son los caminos y los métodos capaces de conducirnos "al fin de los fines" a la abolición del Estado? La experiencia reciente testimonia de que en todo caso no son los métodos del anarquismo. Los jefes de la C. N. T.(8) española, la única organización anarquista importante en el mundo, en la hora critica se han transformado en ministros de la burguesía. Ellos explican su abierta traición a la teoría del anarquismo, por la presión de las "circunstancias excepcionales". ¿Pero no es este el mismo argumento que emplearon a su tiempo los jefes de la social-democracia alemana? Por cierto que la guerra civil no es una circunstancia pacífica y ordinaria, sino más bien una "circunstancia excepcional". Pero, es precisamente para esas "circunstancias excepcionales" que se prepara toda organización revolucionaria seria. La experiencia española ha demostrado, una vez más, que se puede "negar" el estado en los folletos editados en "circunstancias normales" y con pern£w del estado burgués: pero también ha demostrado, que las condiciones de la revolución no dejan ningún lugar para la negación del estado y que además exigen su conquista. No tenemos la intención de acusar a los anarquistas españoles de no haber liquidado el Estado de un plumazo. Un partido revolucionario aún habiéndose apoderado del poder (lo que los jefes anarquistas no han sabido hacer a pesar del heroísmo de los obreros anarquistas), no es todavía el dueño todopoderoso de la sociedad. Si acusamos tan  ásperamente a la teoría anarquista, lo hacemos porque habiéndose considerado conveniente para un periodo pacifico, se ha tenido que renunciar a ella apresuradamente, desde que aparecieron las "circunstancias excepcionales"... de la revolución. Antiguamente se encontraban generales - y se encuentran sin duda todavía - que pensaban que lo que más echaba a perder un ejercito era la guerra. Los -revolucionarios que se lamentan de que la revolución da al traste con su doctrina no valen mucho más que aquellos. Los marxistas y los anarquistas están plenamente de acuerdo, en cuanto al objetivo final, es decir, con la liquidación del estado. El marxismo permanece "estadual" únicamente en la medida en que la liquidación del estado no puede esperarse por el simple hecho de contentarse con ignorar su existencia. La experiencia del Stalinismo no modifica en nada la enseñanza del marxismo, si no que lo confirma, por el método inverso. Una doctrina revolucionaria que enseña al proletariado a orientarse correctamente en una situación determinada y a utilizarla activamente, no encierra en sí, -hay que entenderlo bien-, la garantía automática de la victoria. Pero, por el contrario, la victoria no es posible sino gracias a esa doctrina. Además es imposible representarse esta victoria en forma de un acto único. Es necesario considerar el asunto teniendo en perspectiva una extensa época. El primer estado obrero, descansando sobre una base económica poco desarrollada - rodeado de un anillo imperialista - se ha transformado en gendarmería del Stalinismo. Pero el verdadero bolchevismo ha declarado una guerra sin tregua a esa gendarmería. Para mantenerse, el Stalinismo está  obligado a llevar ahora abiertamente una "guerra civil" contra el bolchevismo calificado de "trotskysmo", no solamente en la U. R. S. S., sino también en España. El viejo partido bolchevique está  muerto, pero el bolchevismo por todas partes levanta la cabeza.
Buscar el origen del Stalinismo en el bolchevismo o en el marxismo, es exactamente la misma cosa, en un sentido más general, que querer buscar el origen de la contrarrevolución en la revolución. Sobre este esquema se ha modelado siempre el pensamiento de los liberal-conservadores y tras ellos el de los reformistas. A causa de la estructura de la sociedad basada en clases, las revoluciones siempre han engendrado las contra-revoluciones. ¿Esto no nos demuestra -pregunta el razonador- que el método revolucionario encierra algún vicio interno? Sin embargo, hasta ahora, ni los reformistas ni los liberales, han inventado métodos "más económicos". Pero, si no es fácil interpretar todo un proceso histórico viviente, no es por el contrario, nada difícil interpretar de una manera racionalista. la sucesión de sus etapas, haciendo proceder lógicamente el Stalinismo del "socialismo de estado-"; el fascismo del marxismo: la reacción de la revolución. En una palabra: la antítesis de la tesis. En este dominio como en tantos otros, el pensamiento anarquista queda prisionero del racionalismo liberal. El verdadero pensamiento revolucionario, es imposible sin la dialéctica.
Los argumentos de los racionalistas toman a veces, por lo menos exteriormente, un carácter más concreto. Para ellos el Stalinismo no procede del bolchevismo en sí, sino de sus pecados políticos. Los bolcheviques, dicen los espartaquistas alemanes, Gorter, Panneckoek,(9) etc., han reemplazado la dictadura del partido por la de la burocracia. Los bolcheviques han aniquilado todos los partidos salvo el suyo; Stalin ha estrangulado al partido bolchevique en interés de la camarilla bonapartista. Los bolcheviques llegaron a un acuerdo con la burguesía; Stalin se convirtió en su aliado y sostén. Los bolcheviques han reconocido la necesidad de participar en los viejos sindicatos y en el parlamento burgués: Stalin ha hecho amistad con la burocracia sindical y con la democracia burguesa. De esta manera se puede seguir razonando todo el tiempo que se quiera. A pesar del efecto que estos razonamientos puedan producir exteriormente, son absolutamente vacíos. El proletariado sólo puede llegar al poder por intermedio de su vanguardia. La misma necesidad de un poder estadual deriva del insuficiente nivel cultural de- las masas y de su heterogeneidad. La tendencia de las masas hacia su liberación cristaliza en la vanguardia revolucionaria organizada en partido. Sin la confianza de la clase en su vanguardia, y sin el apoyo de esta por aquella, ni siquiera puede plantearse la conquista del poder. Es en este sentido que la revolución proletaria y la dictadura constituyen el objetivo de toda la clase, pero solamente bajo la dirección de su vanguardia. Los Soviets son la forma organizada de la alianza de la vanguardia con la clase. El contenido revolucionario de esta alianza no puede estar dado más que por el partido. Esto está demostrado por la experiencia positiva de la Revolución de Octubre y por la experiencia negativa de otros países (Alemania, Austria y últimamente España).
Nadie ha demostrado prácticamente, ni siquiera ha tratado de explicar en forma precisa sobre el papel, de como el proletariado pueda apoderarse del poder sin la dirección política de un partido, que sabe lo que quiere. Si este partido somete a los soviets a su acción política, este hecho cambia tan poco el sistema soviético, como cambiaría una mayoría conservadora el sistema parlamentario británico. En cuanto a la supresión de los demás partidos soviéticos, no deriva de ninguna "teoría" bolchevique, sino que fue una medida de defensa de la dictadura en un país atrasado, agotado y rodeado de enemigos. Los mismos bolcheviques comprendieron desde un comienzo, que esta medida, completada con la supresión de las fracciones en el interior del mismo partido dirigente, encerraba un grave peligro. Sin embargo, la fuente del peligro no estaba en la doctrina o en la táctica, sino en la debilidad material de la dictadura, en las dificultades de la situación interior y exterior.
Si la revolución hubiera triunfado también en Alemania habría desaparecido la necesidad de prohibir a los otros partidos soviéticos. Es absolutamente indiscutible, que la dominación de un solo partido sirvió jurídicamente de punto de partida del régimen totalitario Stalinista. Pero la causa de tal evolución no está  en el bolchevismo, ni tampoco en la interdicción de los otros partidos, como medida militar temporaria, sino en la serie de derrotas que sufrió el proletariado de Europa y Asia.
Sucedió lo mismo en la lucha contra el anarquismo. En la época heroica de la revolución, los bolcheviques marcharon juntos con los anarquistas verdaderamente revolucionarios. Muchos de ellos fueron absorbidos por el partido. Más de una vez el autor de estas líneas examinó con Lenin la posibilidad de dejar a los anarquistas, algunos territorios para que allí aplicaran, con el consentimiento de la población, sus experiencias de supresión inmediata del Estado.
Pero las condiciones de la guerra civil, del bloqueo y del hambre. no permitieron la aplicación de semejantes planes. ¿Y la insurrección de Kronstadt?(10), Hay que comprender que el gobierno revolucionario no podía "regalarles" a los marinos revolucionarios, una fortaleza que dominaba la capital, por el solo hecho de que a la rebelión reaccionaria de los soldados campesinos se les unieran algunos dudosos anarquistas. El análisis histórico concreto de los acontecimientos, no deja ningún lugar para las leyendas que la ignorancia y el sentimentalismo crearon alrededor de Kronstad, Majno (11) y otros episodios de la revolución.
Es indudable también que la burocracia surgida de la revolución ha monopolizado en sus manos el sistema de coerción. Cada etapa de la evolución, aun cuando ellas sean tan catastróficas, como la revolución y la contra-revolución, se origina en la etapa precedente, tiene en ella sus raíces y conserva algunos de sus rasgos. Los liberales, incluso la pareja Webb, (12) siempre afirmaron que la dictadura bolchevique representa solamente una nueva edición del zarismo. Por eso cierran los ojos ante detalles tales como la abolición de la monarquía y la nobleza, la entrega de la tierra a los campesinos, la expropiación del capital, la introducción de la economía planificada, la educación atea, etc... También el pensamiento liberal-anarquista, cierra los ojos ante el hecho de que la revolución bolchevique, con todas las medidas de represión, significaba la subversión de las relaciones sociales en interés de las masas, mientras que el golde de estado termidoriano de Stalin, lleva en si el reagrupamiento de la sociedad soviética en beneficio de una minoría privilegiada. Está  claro que en la identificación del Stalinismo con el bolchevismo no hay ni rastros de criterio socialista.

PROBLEMAS TEÓRICOS

Uno de los principales rasgos del bolchevismo es su posición inflexible y aun puntilloso, frente a los problemas doctrinarios. Los 27 tomos de Lenin permanecerán siempre como ejemplo de una actitud escrupulosisima hacia la teoría. El bolchevismo jamás habría cumplido su misión histórica si careciese de esta cualidad fundamental. El Stalinismo grosero, ignorante y absolutamente empírico, presenta bajo este mismo aspecto el reverso del bolchevismo.
Hace más de 10 años que la oposición lo declaraba en su plataforma: "Después de la muerte de Lenin, se creo toda una serie de nuevas "teorías" con el solo objeto de justificar "teóricamente" la desviación del grupo Stalinista del camino de la revolución proletaria internacional". El socialista americano Liston Oak, que ha participado de cerca en la revolución española, ha escrito últimamente: "De hecho los revisionistas más extremos de Marx y de Lenin, son ahora los stalinistas. El mismo Bernstein (13) no osó hacer ni la mitad del camino que hizo Stalin en la revisión de Marx". Es absolutamente cierto. Es necesario agregar solamente que en Bernstein había realmente necesidades teóricas: trataba concienzudamente de establecer una armonía entre la práctica reformista de la social-democracia y su programa. La burocracia Stalinista además de no tener nada de común con el marxismo, es también extraña a toda doctrina, programa o sistema. Su "ideología" está impregnada de un subjetivismo absolutamente policial; su práctica, de un empirismo de la más pura violencia. En el fondo los intereses de la casta de los usurpadores, es hostil a la teoría: no puede dar cuenta a sí misma ni a nadie de su papel social. Stalin revisa a Marx y a Lenin, no con la pluma de los teóricos, sino con las botas de la G. P. U.

PROBLEMAS MORALES

Los fanfarrones insignificantes, a quienes el bolchevismo les ha arrancado sus caretas, tienen la costumbre de lamentarse de la "amoralidad del bolchevismo". En el ambiente pequeño-burgués de intelectuales, demócratas, "socialistas", literatos, parlamentarios y otras gentes de la misma laya, existen valores convencionales o un lenguaje convencional para cubrir la ausencia de verdaderos valores. Esta amplia y abigarrada sociedad donde reina una complicidad reciproca - "¡vive y deja vivir a los demás!" - no soporta en su piel sensible, el contacto de la lanceta marxista. Los teóricos que oscilan entre los dos campos, los escritores y los moralistas, pensaban y piensan que los bolcheviques exageran con mala intención los desacuerdos, son incapaces de una colaboración "leal" y que por sus intrigas rompieron la unidad del movimiento obrero. El centrista sensible y susceptible cree, ante todo, que los bolcheviques "calumnian", porque estos llevan su pensamiento hasta las ultimas consecuencias, lo que ellos son incapaces de hacer. Sin embargo, sólo con esa preciosa cualidad de ser intolerante para todo lo que es híbrido y evasivo, se puede educar a un partido revolucionario para que las "circunstancias excepcionales" no los sorprendan de improviso.
La moral de todo partido deriva en el fondo, de los intereses históricos que representa. La moral del bolchevismo, que contiene la devoción, el desinterés, el valor, el desprecio por todo lo falso y vano ¬ ¡las mejores cualidades de la naturaleza humana!- deriva de su intransigencia revolucionaria puesta al servicio de los oprimidos. En este sentido, también la burocracia Stalinista imita las palabras y los gestos del bolchevismo. Mas, cuando la "intransigencia", y la "inflexibilidad" se cumple por intermedio de un aparato policial que está  al servicio de una minoría privilegiada, esas cualidades se transforman en una fuente de desmoralización y de gangsterismo. Inspiran solamente desprecio, los que identifican el heroísmo revolucionario de los bolcheviques con el cinismo burocrático de los termidorianos.
Aun hoy, a pesar de los dramáticos acontecimientos del último periodo, el mediocre filisteo continúa creyendo que la lucha entre bolchevismo (trotskysmo) y el Stalinismo, es un conflicto de ambiciones personales, o en el mejor de los casos, una lucha entre dos "tendencias" del bolchevismo. La expresión más cruda de este punto de vista es la de Norman Thomas, leader del partido socialista americano. "No hay razón para creer - escribe en el Socialist Review de Septiembre de 1937, página 6 - que si Trotsky hubiese estado en lugar de Stalin habrían terminando las intrigas, el complot y el terror de Rusia". Y este hombre se cree... marxista.
Con el mismo fundamento se podría decir: "No hay razón para creer que si en lugar de Pío XI se encontrara en el trono de Roma, Norman 1º, la Iglesia Católica se transformaría en un reducto socialista". Thomas no comprende que se trata no de un match entre Stalin y Trotsky, sino de un antagonismo entre la burocracia y el proletariado. Por cierto que en la U. R. S. S. la capa dirigente está  obligada a adaptarse a la herencia revolucionaria que aún no está  completamente liquidada, preparando al mismo tiempo un cambio en el régimen social, por medio de una guerra civil declarada ("depuración" sangrienta, exterminación en masa de los descontentos). Pero en España la camarilla Stalinista se presenta desde hoy abiertamente como el refugio del orden burgués contra el socialismo. La lucha contra la burocracia bonapartista se transforma, ante nuestros ojos, en lucha de clases: dos mundos, dos programas, dos morales. Si Thomas piensa -que la victoria del proletariado socialista sobre la casta abyecta de los opresores, no regenerar  política y moralmente el régimen soviético, demuestra con ello que a pesar de todas sus reservas, sus tergiversaciones y sus piadosos suspiros se encuentra mucho más cerca de la burocracia Stalinista que de los obreros revolucionarios. Al igual que aquellos que denuncian el "amoralismo" de los bolcheviques, Thomas es simplemente un advenedizo de la moral revolucionaria.

LAS TRADICIONES DEL BOLCHEVISMO Y LA IV INTERNACIONAL

Para los "izquierdistas" que ignorando el bolchevismo tratan de "volver" al marxismo, todo se reduce simplemente a algunos remedios aislados: boicotear los antiguos sindicatos, boicotear el parlamento crear "verdaderos" soviets. Todo eso podía parecer extraordinariamente profundo en la fiebre de los primeros días que siguieron a la guerra. Pero hoy, a la luz de la experiencia sufrida, estas "enfermedades infantiles" han perdido todo interés aun en su carácter de curiosidades. Los holandeses Gorter y Panneckoek, los "espartaquistas" alemanes y los bordighistas italianos,(14) han manifestado su independencia con respecto al bolchevismo. oponiendo a sus rasgos, uno de los suyos artificialmente agrandados. De esas tendencias de "izquierda" no queda nada, práctica ni teóricamente: prueba directa, pero importante, de que para nuestra‚ época el bolchevismo es la única forma del marxismo.
El partido bolchevique ha demostrado, en la acción, la combinación de suprema audacia revolucionaria y de realismo político. Por primera vez ha establecido entre la vanguardia y la clase la única relación capaz de asegurar la victoria. La experiencia ha demostrado que la unión del proletariado con las masas oprimidas de la pequeña burguesía de las ciudades y de los campos, es posible únicamente, con la derrota política de los partidos tradicionales de la pequeña burguesía. El partido bolchevique ha enseñado al mundo entero como se realiza la insurrección armada y la toma del poder. Los que oponen una abstracción de soviets, a la dictadura del partido, deberían comprender que únicamente gracias a la dirección de los bolcheviques, los soviets se elevaron del pantano reformista al papel de órganos del Estado proletario. En la guerra civil el partido bolchevique h3, realizado una justa combinación del arte militar con la política marxista. Aunque la burocracia Stalinista consiguiera arruinar las bases económicas de la nueva sociedad, la experiencia de la economía planificada, realizada bajo la dirección del partido bolchevique, quedar  para siempre en la historia como una escuela superior para toda la humanidad. Únicamente no ven todo esto los sectarios, que ofendidos por los golpes recibidos, han vuelto la espalda al proceso histórico.
Pero esto no es todo. El partido bolchevique ha podido hacer un trabajo "práctico" tan grandioso, únicamente porque todos sus pasos estaban iluminados por la luz de la teoría. El bolchevismo no la ha creado: Ha sido dada por el marxismo. Pero el marxismo es la teoría del movimiento y no del reposo -y solamente acciones realizadas en una escala histórica grandiosa, podían enriquecer la teoría. Por el análisis de la época imperialista como época de guerras y de revolución; de la democracia burguesa en el periodo de decadencia del capitalismo; de la relación entre la huelga general y la insurrección; del papel del partido, de los soviets y de los sindicatos en la época de la revolución proletaria; de la teoría del estado soviético; de la economía de transición; del fascismo y del bonapartismo a la época de descomposición capitalista; en fin, por su análisis de la degeneración del mismo partido bolchevique y (.¬ el estado soviético, el bolchevismo ha aportado al marxismo una contribución preciosa. Que se nos nombre otra tendencia que haya agregado algo esencial a las conclusiones y a las generalizaciones del bolchevismo. Vandervelde, De Brouckere, Hilferding, Otto Bauer, León Blum, Ziromsky, etc. sin hablar del mayor Attleey y de Norman Thomas(15) viven teórica y políticamente de las reliquias del pasado. La degeneración del Comintern se expresa en la forma más brutal en el hecho de que ha caído teóricamente al nivel de la II Internacional. Los grupos intermediarios de toda ¡índole (Independent Labour Party de Inglaterra, el P. 0. U. M.(16) y sus semejantes) vuelven a adaptar semanalmente, para sus necesidades del momento las migajas de Marx y de Lenin. Los obreros no aprenderán nada entre estas gentes.
Solamente los constructores de la IV Internacional,(17) al adoptar las tradiciones de Lenin y de Marx, han tomado una actitud seria con respecto a la teoría. Que los filisteos se burlen porque veinte años después de la Revolución de Octubre, los revolucionarios se han visto reducidos a las tareas de una modesta preparación de propaganda.
En este aspecto como en otros, el gran capital es mucho más perspicaz que los filisteos pequeño burgueses que se consideran "socialistas" o "comunistas". No es por nada que la cuestión de la IV Internacional no desaparece de las columnas de la prensa mundial. La imperiosa necesidad histórica de una dirección revolucionaria, asegura a la IV Internacional ritmos excepcionalmente rápidos en su desarrollo. El hecho de que no se ha formado fuera del gran camino de la historia, sino que ha surgido orgánicamente del bolchevismo, es la garantía más importante de sus éxitos futuros.


LEON TROSTKY
A de 1937






N 0 T A S
(1) El Bureau de Londres reunía a pequeñas organizaciones socialistas que oscilaban entre el reformismo y el marxismo revolucionario. La más importante era el Independent Labour Party.
(2) Políticos socialdemócratas al es.
(3) Denominación de la 3.a Internacional.
(4) Dirigente staliniano búlgaro que fue presidente de la 3ª. Internacional y procesado por Hltler a raíz de¬ Incendio del Reischtag.
(5) Procesos judiciales seguidos por Stalin contra los oposicionistas y que significaron la liquidación de toda la vieja guardia bolchevique y su fusilamiento.
(6) Político ruso social revolucionario, que ocupara la presidencia del gobierno después de la revolución de Febrero de 1917.
(7) Nueva Política Económica. Cambio en la orientación económica de los Soviets, después de la Guerra Civil y propiciada por Lenin.
(8) Confederación Nacional de Trabajadores. o central sindical español de orientación anarquista.
(9) Críticos revisionistas del Leninismo.
(10) Fortaleza en Petrogrado, donde se insurreccionaron los marineros durante la guerra civil en Rusia,
(11) Guerrillero campesino que luchó contra los soviets, de orientación anarquista.
(12) Socialistas ingleses, pertenecientes a la Asociación Fabiana.
(13) Teórico socialdemócrata alemán, figura 'Principal del revisionismo.
(14) Corriente Izquierdista del comunismo italiano.
(15) Dirigentes socialdemócratas de la 2.a Internacional.
(16) Partido Obrero de Unificación Marxista, organización centrista cuya fuerza principal estaba en Barcelona. Reprimida violentamente por el Stalinismo durante la guerra civil española.
(17) Cuarta Internacional, Partido Mundial de la Revolución socialista, fundada por Trotsky en 1938, que defiende las Ideas de la Revolución Proletaria.






martes, 4 de junio de 2013

Leon Trotsky
 
LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO ROJO
Discurso pronunciado en el primer Congreso Panruso
de Comisarios Militares el 7 de junio de 1918
Camaradas: Asistimos a un congreso de una importancia excepcional. Los partidos representados en esta reunión tienen detrás de sí un gran pasado revolucionario. No obstante, ahora es cuando aprendemos y que estamos obligados a aprender a construir nuestro propio ejército revolucionario socialista, que estará en completa oposición con los regimientos ya desmovilizados, los que se mantenían unidos por la voluntad de sus amos y su disciplinada forzada. Tenemos por tarea crear un ejército organizado sobre el principio de la confianza entre camaradas y la disciplina del trabajo revolucionario.
No cabe duda de que se trata de una tarea de una importancia, una complejidad y una dificultad poco comunes. Entre nosotros la prensa burguesa habla mucho de que por fin hemos llegado a comprender que para la defensa del país hace falta una fuerza armada. Eso es naturalmente absurdo. Ya antes de la revolución de octubre pensábamos que, mientras haya lucha de clase entre los explotadores y el pueblo trabajador, todo estado debe ser fuerte para resistir victoriosamente la presión imperialista. Grande por su fuerza, la revolución rusa no podía, lógicamente, conservar el antiguo ejército zarista, en cuyo seno la pesada disciplina de clase había anudado lazos sólidos y forzados entre el soldado y el comandante.
Antes que nada teníamos la complicada tarea de terminar por completo con la opresión de clase en el seno del ejército, de destruir radicalmente las cadenas de clase, la antigua disciplina forzada, y de crear la fuerza militar del estado revolucionario bajo la forma de un ejército obrero y campesino, que actúe en interés del proletariado y de los campesinos pobres. Sabíamos por experiencia que lo que quedaba del antiguo ejército no estaba en condiciones, después de la revolución, de resistir eficazmente a las fuerzas amenazadoras de la contrarrevolución. Sabemos que destacamentos improvisados compuestos por la mejor parte de los trabajadores y campesinos han sido levantados apresuradamente, y recordamos punto por punto que esos heroicos destacamentos han reprimido con éxito el movimiento pérfidamente organizado por todo tipo de militantes ultrarreaccionarios. Sabemos que esos regimientos de guerrilleros voluntarios lucharon victoriosamente en el interior del país contra los verdugos de la revolución. Pero cuando fue necesario luchar contra las bandas de contrarrevolucionarios del exterior, nuestras tropas se hallaron sin defensa, dadas su débil preparación técnica y la perfecta organización de los destacamentos del adversario.
En vista de eso, vemos que a todos se nos plantea como cuestión de vida o muerte para la revolución el problema de la creación inmediata de un ejército fuerte, que responda plenamente al espíritu revolucionario y al programa de los trabajadores y campesinos.
Es bien seguro que al tratar de resolver esa tarea de primera importancia política encontraremos grandes dificultades en nuestro camino. Es preciso mencionar en primer lugar las dificultades en el terreno de los trasportes y el traslado en los cargamentos de suministro, dificultades surgidas de la guerra civil. La guerra civil es nuestra primera obligación cuando se trata de reprimir a las tropas contrarrevolucionarlas, pero el mismo hecho de que exista agrava la dificultad para la constitución urgente de un ejército revolucionario.
Por otra parte el problema de su organización se ve entorpecido por un obstáculo de carácter puramente psicológico: todo el período precedente de la guerra ha quebrantado de manera considerable la disciplina de trabajo; en las capas profundas de la población ha nacido un elemento indeseable de obreros y campesinos desclasados.
De ningún modo acuso de ello a los trabajadores revolucionarios ni a los campesinos laboriosos. Todos sabemos que la revolución ha sido coronada por el heroísmo, sin precedente en la historia, de que dieron prueba las masas trabajadoras de Rusia; pero no hay que ocultar que en muchos casos el movimiento revolucionario logró debilitar por un tiempo la capacidad para un trabajo sistemático y metódico.
El anarquismo primitivo, la remolonería, la bribonería: he ahí los fenómenos contra los que hay que luchar con todas las fuerzas, contra los que debe combatir la parte, mejor de nuestros obreros y de nuestros campesinos conscientes.
Y una de las tareas esenciales que toca a los comisarios políticos es la de hacer comprender a las masas trabajadoras, mediante la propaganda ideológica, la necesidad de un orden y una disciplina revolucionarios, que cada uno debe asimilar profundamente.
Además de esos fenómenos, que frenan la tarea de organización metódica del ejército, nos enfrentamos con obstáculos de orden puramente material. Hemos destruido el antiguo aparato administrativo del ejército; es indispensable crear un órgano nuevo. A causa de esta transitoria situación no tenemos todavía, en este sentido, un orden completo. Los bienes militares de nuestro estado están dispersos por todo el país y no han sido catalogados; no conocemos exactamente la cantidad de cartuchos de fusiles, de artillería pelada o ligera, de aeroplanos, de máquinas blindadas. No hay ningún orden. El antiguo aparato de control está destruido, y el nuevo se halla apenas en la etapa de organización.
En el terreno de la organización militar debemos tomar como base nuestro decreto del 8 de abril. Ya sabéis que la Rusia europea está dividida en siete regiones, y Siberia en tres.
Toda la red de los comisariatos militares organizada a través del país debe ser ligada estrechamente a las organizaciones soviéticas. Al poner en práctica ese sistema, crearemos un centro alrededor del cual el Ejército Rojo se organizará metódicamente.
Todos sabemos que hasta ahora, localmente, reinaba el caos, el que a su vez engendraba un desorden espantoso en el centro. Sabemos que algunos comisarios militares expresan a menudo su descontento frente al poder central y en particular frente al Comisariato del Pueblo para la Guerra. Ha habido casos de desvíos intempestivos de sumas reclamadas para el mantenimiento del ejército. A menudo hemos recibido telegramas urgentes exigiendo dinero, pero sin que se los acompañara del presupuesto de gastos. A veces esto nos ha colocado en una situación particularmente embarazoso; era preciso hacer adelantos. Todo ello creaba un desorden, provocado por el hecho de que con frecuencia no había en el lugar un órgano capaz encargado de la administración.
Hemos comenzado la creación urgente en esos lugares de comisariato-células, que estarán integradas por dos representantes de los soviets locales y un especialista militar.
Ese cuerpo local, ese tipo de comisariato militar local, será la organización que podrá, aquí y allá, garantizar en todos los puntos la formación metódica y el servicio del ejército. Todo el mundo sabe que el ejército que hemos construido sobre los principios del voluntariado era considerado por el poder soviético sólo un expediente transitorio.
Como dije, una divisa presidió siempre nuestro programa: defender por todos los medios nuestro país obrero revolucionario, el foco del socialismo. El reclutamiento voluntario no es más que un compromiso provisional por el que ha sido preciso pasar después del período crítico del derrumbe completo del antiguo ejército y del recrudecimiento de la guerra civil. Hemos llamado a voluntarias al Ejército Rojo, con la esperanza de que se incorporaran a él las mejores fuerzas de las clases trabajadoras. ¿Se han cumplido nuestras esperanzas? Es necesario decirlo: tan solo en una tercera parte. Es indudable que en el Ejército Rojo hay muchos combatientes heroicos y llenos de abnegación, pero hay también muchos elementos indeseables, pillos, haraganes, desechos humanos.
No cabe duda de que si iniciamos en el arte militar a toda la clase obrera sin excepción, ese elemento, pequeño en cuanto a su número, no representará un peligro serio para nuestro ejército; pero ahora, cuando tenemos tan poca tropa, ese elemento es una espina inevitable y fastidiosa en la carne de nuestros regimientos revolucionarios.
Es deber de nuestros comisarios militares llevar a cabo un trabajo de vigilancia, a fin de elevar la conciencia en las filas del ejército y extirpar implacablemente al elemento indeseable alojado allí.
Para cumplir el deber que significa la defensa de la República Soviética es necesario inventariar no solo las armas, no solo los fusiles, sino también a los hombres.
Hay que reclutar las clases más jóvenes, a la juventud que todavía no ha estado en la guerra y que siempre se distingue por el ardor de su espíritu revolucionario y su entusiasmo. Es preciso sacar a luz cuantos tenemos en hombres aptos para las obligaciones militares, poner orden en el registro de nuestras fuerzas, crear una contabilidad soviética original. Esta complicada tarea corresponde sobre todo a los comisarios militares de cantones, distritos y provincias, y a las regiones que las engloban. Pero allí surge el problema del personal de mando. La experiencia ha demostrado que la ausencia de fuerzas técnicas tiene un efecto funesto sobre la buena formación de las tropas revolucionarias, porque la revolución no ha promovido dentro de las masas trabajadoras combatientes iniciados en el arte militar. Este es el lado débil de todas las revoluciones; la historia de todas las insurrecciones precedentes nos lo demuestra.
Si entre los trabajadores se hubiera encontrado un número bastante grande de camaradas especialistas militares, el problema se habría resuelto muy fácilmente, pero por desgracia hemos contado con muy pocos hombres que posean una formación militar.
Las atribuciones de los representantes del personal de mando se pueden dividir en dos partes: una puramente técnica y otra político-moral. Si estas dos cualidades se reúnen en un solo hombre, se llega al tipo ideal de jefe: el comandante de nuestro ejército. Pero desgraciadamente esa clase de gente es en extremo rara. Ni uno solo de vosotros, estoy seguro, dirá que nuestro ejército puede prescindir de comandantes especialistas. Esto no disminuye en nada el papel del comisario. !El comisario es el representante directo del poder soviético en el ejército, el defensor de los intereses de la clase obrera. Y si él no interviene en las operaciones de combate, es tan solo porque está colocado por encima de cualquier dirigente militar, vigila sus actos y controla cada uno de sus pasos.
El comisario es el hombre político, el revolucionario. El dirigente militar responde con su cabeza de todo lo que es de su competencia, del resultado de las operaciones militares, etc. Si el comisario ha comprobado que el dirigente militar representa un peligro para la revolución, tiene derecho a hacer implacable justicia con el contrarrevolucionario, incluso a hacerlo fusilar.
A fin de que pudiéramos tener rápidamente la posibilidad de preparar a nuestros propios oficiales obreros y campesinos, combatientes por el socialismo, se ha comenzado en muchos lugares a formar escuelas de instructores que enseñarán el arte militar a los representantes del pueblo trabajador.
Le falta a nuestro ejército cumplir todavía otra tarea; se refiere a la lucha contra los traficantes y los especuladores que ocultan el trigo a los pobres.
Es absolutamente necesario que los mejores destacamentos organizados sean enviados a las regiones ricas en trigo, donde deben adoptar decisiones enérgicas para luchar contra los kulaks por medio de la agitación y hasta con la aplicación de medidas decisivas.
Ante nosotros se presenta un conjunto de tareas colosales, pero creo que no perderemos el valor, por más que también entre nosotros, trabajadores soviéticos, se encuentren a veces escépticos y quejosos.
Si están desesperados, que se metan en un rincón, mientras nosotros continuamos tenazmente con nuestro trabajo gigantesco. Debemos recordar que el pueblo trabajador ha sido oprimido dolorosamente durante largos siglos y que para rechazar definitivamente el yugo de la esclavitud se necesitarán largos años. Hay que pasar por la escuela de la experiencia; es preciso aun cometer los errores y torpezas que a menudo cometemos, pero que cada vez serán más y más raros.
En este congreso vamos a intercambiar nuestras observaciones; nos enseñaremos mutuamente algo, y estoy seguro de que continuaréis en todas partes y en interés de la revolución con vuestro trabajo creador. En nombre del Comisariato del Pueblo para la Guerra y del Consejo de Comisarios del Pueblo os doy la bienvenida y termino mi discurso exclamando: ¡Viva la República Soviética! ¡Viva el Ejército Rojo de obreros y campesinos!

jueves, 16 de mayo de 2013



Archivos. 1964


PARA UNA APRECIACION DE LA UNIVERSIDAD


La universidad pertenece a la esfera de las superestructuras sociales. Así ella expresa el desarrollo de la misma, pero no la refleja exactamente y no podría hacerlo. En una época de universalización de la cultura y de la técnica, la universidad tiene su propia existencia y autonomía y rigen para ella, las leyes inerciales del desarrollo del país y al mismo tiempo, aquellas que fijan los límites o perspectivas de lo universal.
Si en la estructura de la sociedad es posible apreciar tanto los factores autóctonos, (subdesarrollo, peculiaridades histórico-nacionales) y aquellos exóticos (exóticos en la medida en que se han asimilado como expresión de conquistas de los más avanzados), esto se evidencia más nítidamente en la realidad universitaria. En el plano en que se manifiesta es fundamentalmente en el plano intelectual. Resulta así por cuanto la aprehensión de los factores de progreso, dentro de la sociedad deben formarse en la materialidad de sus estructuras, en el mundo de las cosas. Por lo mismo su realización es lenta y contradictoria.
Un descubrimiento científico, un avance de la técnica, una nueva concepción científica, cultural o histórica, puede tardar largo tiempo en incorporarse a las bases materiales de la sociedad, o puede no hacerlo nunca, ya que pugna con fuerzas materiales, sociales, históricas y de clase, que facilitan o retardan su incorporación.
Esta dificultad no obra, o no lo hace con la misma fuerza en la economía de la universidad. Se desenvuelve ahí la zona del pensamiento, de la inteligencia y la cultura en su más amplio sentido. De ahí que la universidad exprese una realidad social dada y que permanentemente la esté superando y entrando permanentemente en contradicción y conflicto con la base social que la genera.
La profundidad de este conflicto constituye una situación sintética y que expresa los ritmos de desarrollo tanto de una y de la otra. En épocas normales la contradicción está atenuada o contemporizada y se agudiza en las condiciones de crisis o conflicto social.
Siendo una superestructura de la burguesa sociedad chilena, es ella burguesa, por su misma naturaleza. Debe ella conservar y ampliar el capital intelectual de la sociedad asegurando el desenvolvimiento técnico y cultural del país. Es ella la vanguardia de la razón y el intelecto social nacional. Ágilmente debe responder y tener respuestas para el proceso de las asimilaciones sucesivas del progreso social y de su progresión hacia lo universal.
El progreso, dictado y limitado por la magnitud de la base material y teniendo como horizonte lo logrado por los países avanzados, tiene a desarrollarse impulsivamente, a saltos por las leyes propias que se ven compulsados por la estrechez del marco interior, creando en cada paso una contradicción entre la base y la superestructura.
Formalmente considerada la sociedad burguesa, o más bien sus clases dirigentes quieren creer que su sociedad puede desarrollarse dentro de una normalidad o ilegalidad burguesa. Es decir que la evolución burguesa es la ley general de la evolución de las sociedades y que las contradicciones que la evolución genera, pueden y deben resolverse siempre en una nueva y constante renovada síntesis burguesa. rechazan de antemano que las leyes de la evolución preparen la muerte de la propia evolución burguesa. Ansiosa de sobrevivirse la sociedad burguesa se amputa constantemente y se contradice a cada paso con su propia superestructura cultural.
Nuestra universidad es una universidad burguesa; cuida en primer lugar el patrimonio de la forma vigente del dominio de clase y sólo por sus esclusas, sigue y propende al crecimiento de la ciencia o de una llamada cultura nacional, practicando muy modestamente una filantropía cultural, que entrega al pueblo en sus formas de extensión. Forma y lanza a la palestra social un contingente humano, profesional y técnico, cuya misión es defender esta misma sociedad y desempeñarse a su mayor gloria. Fortalece así su base social y crea las jerarquías necesarias al mantenimiento del statu quo, capaces al mismo tiempo de asegurar el desarrollo a paso de tortuga que no ponga en peligro la estabilidad fundamental.
Ahora bien. El plantel estudiantil lo forman los hijos de los burgueses y de los sectores más acomodados de la sociedad chilena y se preparan allí en obligado tránsito a su incorporación definitiva a su mundo de origen. Cuidémonos sin embargo de simplificar. Las características históricas de Chile, dada esta realidad, un contenido que no se aviene con una determinación originaria. Una democracia amplia en más de un concepto tolera la incorporación a su seno de sectores importantes de una levadura social plebeya, en contradicción no siempre relativa con el grueso del estudiantado y que aún mediatizados representan intereses y anhelos contrapuestos a los de su distinto origen.
Si esto fuera todo, bastaría para explicarnos muchos de los procesos beligerantes que viven y maduran en la universidad. Pero no lo es todo. La masa universitaria vive una enajenación particular. Un interludio social. Entre sus integrantes se establecen relaciones de comunidad que se liberan de las estrictas determinaciones de clase u económica. No pensamos que desaparezcan, pero se atenúan y permiten el funcionamiento de una democracia relativizada por su futuro común, más que por los lugares de origen. A su vez unos y otros son seducidos o enajenados por la creencia -fomentada fuera y dentro- de pertenecer a la inteligenzia. Funcionalmente la universidad no es un sitio de trabajo, una industria o un taller. Las diferencias de origen, sociales y económicas, no enfrentan a explotados y explotadores. Sus diferencias están presentes, pero deformadas, superestructuralizadas y tienden a dar a las contiendas de los sectores contrapuestos por su origen, un sentido de diferencias ideológicas, doctrinarias y pragmáticas.
Elevándose por sobre estos factores, obra sobre todos ellos una intemporalidad histórica. Su pasado es breve y viven intensamente el presente. Son fundamentalmente presente. Su cerebro, emociones, perspectivas están impregnadas del complejo social de este instante de la evolución. Un progreso general, una técnica avanzada, inmundo exterior en gigantesco desarrollo, que ellos pueden conocer mejor y más rápidamente que sus mayores, los hace receptivos a las contradicciones del mundo nacional, como así al ambicioso mundo del futuro. Recién llegados al mundo de la cultura y del conocimiento, ya están mejor armados, premunidos de una visión histórico sintética. Débiles en conocimiento especializados sienten -y a veces con razón- su superioridad frente a aquellos maestros que deben proporcionárselas y cuya armazón moral y cultural pertenece a etapas, que se han ido consumiendo muy rápidamente.
Esta situación los recluta al progreso en general, inespecífico. Si bien no rompen con los lazos sociales a los cuales pertenecen; Si muchos pertenecen incluso a los partidos de sus mayores, así y todo, están traspasados de un élan transformador, que puede en determinados momentos arrastrarlos a rupturas coyunturales con la sociedad de donde emergen y a la cual están destinados a defender.
Expresan de este modo muy a menudo las necesidades que viven escondidas, constreñidas o derrotadas en la sociedad burguesa sin descubrir cabalmente que estas necesidades representan a otras clases sociales y que desenvuelven la destrucción del orden que les permite el interinato social. En toda crisis social o política de magnitud estos factores se hacen presente y en sus primeras etapas, pendularmente arrastran al estudiantado hacia la izquierda. Su primera rebelión se actualiza en su mundo circundante: la Universidad. Es ella la que en primer lugar debe ser reformada. Absortos, pujantes y entusiastas, quieren reformarla, desprendiéndola de la base que la hace posible, existente y cuyos fines representan, la estructura de la sociedad burguesa.
Las clases dominantes de países como el nuestro se muestran cautelosas, conservadoras en modificar las estructuras caducas que dificultan incluso su propio trabajo explotador, “su” progreso. Cada paso es medido, calculado avaramente. Cuando no están impelidos por fuerzas sociales incontenibles, buscan asimilar lo caduco, yuxtaponiendo las racionalizaciones inevitables.
La Universidad no hace excepción. Formas periclitadas de enseñanzas, una organización arcaica, se combinan con otras que el progreso y sus propias necesidades han impuesto. Profesores, estudiantes, funcionarios están concientes de estas trabas. Entorpecen toda la vida universitaria, cultural, la  técnica de investigación, el standard, modo y género de vida. Todo un programa de reivindicaciones se plantea para modificarla. Y este programa puede y debe levantarse como bandera y conquistarse puesto que interesa a toda la comunidad universitaria.
Este programa de reivindicaciones fundamentalmente democráticas, es lo que se denomina la Reforma Universitaria. Cierto que tal reforma universitaria no es unívoca y se configura cambiante, de acuerdo a los sectores social-ideológicos que la esgrimen, comprimiendo o ampliado su contenido según la relación de fuerzas internas del medio universitario influenciados o influenciando el medio social político exterior.
En sentido estricto, la Universidad corresponde y manifiesta la sociedad de clases que impera. No puede avanzar mas allá que la sociedad que la genera. De ahí su debilidad. Traspasar ese conjunto de reivindicaciones es dar cima a una revolución universitaria que es inconcebible dentro de una sociedad, que se mantiene conservadora, burguesa y al fin de cuentas sociedad explotadora y de clase.
¿Significa todo esto que sólo es posible este programa reformista? Sin una transformación total de la sociedad -vale decir sin una revolución socialista- es improbable una revolución universitaria. ¿Están condenados por utópicos y por tanto falsos los esfuerzos de traspasar las fronteras del nuevo enunciado de la Reforma Universitaria?
Uno de los aspectos claves de la reforma es el co-gobierno. La participación de los estudiantes en la generación de las autoridades, en la fijación de su política y en la dirección de la misma. Esta solicitación es compartida por la mayoría del estudiantado. Cierto que su sentido varía según el sector ideológico que la esgrime. Para el campo puramente democrático y sus prolongaciones socialistas reformistas, se tata exclusivamente detener una representación -minoritaria ciertamente- en los organismos directivos de la universidad, intermedios y superiores y participar en la generación de tales direcciones. El co-gobierno es una colaboración con sectores adversos a toda idea de reforma.
Para los revolucionarios el co-gobierno no es un fin en si mismo. Exige conjuntamente el cumplimiento de todo el programa de reivindicaciones que materializa la reforma universitaria. De no ser así la participación estudiantil no es más que su colaboración consciente en una política universitaria burguesa y por ende reaccionaria.
La universidad chilena está ligada al pasado de la sociedad. Los revolucionarios pugnan por una universidad que mire al futuro y que prepare deliberada, voluntariamente este futuro. Un hombre integrado en una sociedad integrada. Este futuro no es ni puede ser un descarnado tiempo histórico por venir. Dejando de lado toda superchería culturizante, es bien claro, que en este Mundo actual, luchan encarnadamente fuerzas antagónicas que comprometen la existencia y el destino de la humanidad. Para unos el futuro es un mundo de esclavización creciente y para los otros una armónica sociedad socialista.
Reformar verdaderamente la universidad es ponerla desde ya, con todo su vigor y riqueza, resueltamente en el campo de las fuerzas que luchan por la revolución y el socialismo. Sin esta visión, aunque se logre en su esquema formal, la conquista de una serie de reivindicaciones democráticas, no se avanzará más allá de un estrecho y mezquino reformismo en el plano de la superestructura.
Históricamente, la Universidad ha progresado impulsada por el estudiantado, por sus capas avanzadas, clarividentes y pujantes. Esta historia basta para despreciar y hacer un lado la bastarda afirmación de la inmadurez del estudiantado.
La Universidad será revolucionaria y socialista o no será. Situar el problema de esta transformación en la prioridad de la revolución social es desnaturalizarlo dogmáticamente. Nada está previamente designado en la lucha de clases. Sociedad y Universidad no se interaccionan mecánicamente, por decantación inerte. Una corriente revolucionaria que, segura y firme, acciona por la revolución universitaria  presiona y modifica a la sociedad. Aún más, como la experiencia universal lo prueba, puede ella conocer el triunfo antes que la misma sociedad. Que sea un anticipo, una ventaja transitoria y mortal, o el prólogo de una revolución como un todo, será resuelto en definitiva en la pugna de un complejo general de la lucha de clases.
Renunciar por anticipado, por esquemático logicismo, a esta perspectiva es hacer de la lucha universitaria una diversión estéril y paralizante. Amplios sectores del estudiantado, como hemos podido apreciarlo, pueden ser inyectados de socialismo y revolución, sin consideración estricta  a sus orígenes sociales. Es dentro de esta concepción que nos corresponde delinear una táctica precisada en sus detalles para integrar la Universidad a la gran marcha de la Revolución Chilena.


          Almagro

jueves, 25 de abril de 2013

Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial. Mayo de 1940.

 
 
Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial
La Conferencia de Emergencia de la Cuarta Interna­cional, el partido mundial de la revolución socialista, se reúne en el momento inicial de la segunda guerra impe­rialista. Atrás quedó ya la etapa de intentos de aperturas, de preparativos, de relativa inactividad militar. Alemania desató las furias del infierno en una ofensiva general a la que los aliados responden igualmente con todas las fuerzas destructivas de que disponen. De ahora en adelante y por mucho tiempo el curso de la guerra imperialista y sus consecuencias económicas y políticas determinarán la si­tuación de Europa y la de toda la humanidad.
La Cuarta Internacional considera que éste es el mo­mento de decir abierta y claramente cómo ve esta guerra y a sus protagonistas, cómo caracteriza la política respec­to a la guerra de las distintas organizaciones laborales y, lo más importante, cuál es el camino para lograr la paz, la libertad y la abundancia. La Cuarta Internacional no se dirige a los gobiernos que arrastraron a los pueblos a la matanza, ni a los políticos burgueses responsables de estos gobiernos, ni a la burocracia sindical que apoya a la burguesía belicista.
La Cuarta Internacional se dirige a los trabajadores y las trabajadoras, a los soldados y los marineros, a los campesinos arruinados y a los pueblos coloniales esclavizados. La Cuarta Internacional no tiene ninguna ligazón con los opresores, los explotadores, los imperialistas. Es el parti­do mundial de los trabajadores, los oprimidos y los explotados. Este manifiesto está dirigido a ellos.
Las causas generales de la guerra actual
La tecnología es hoy infinitamente más poderosa que a fines de la guerra de 1914 a 1918, mientras que la humanidad es mucho más pobre. Descendió el nivel de vida en un país tras otro. En los umbrales de la guerra actual la situación de la agricultura era peor que cuando estalló la guerra anterior.
Los países agrícolas están arrui­nados. En los países industriales las clases medias caen en la ruina económica y se formó una subclase permanente de desempleados, los modernos parias. El mercado inter­no ha estrechado sus límites. Se redujo la exportación de capitales. El imperialismo realmente destrozó el mercado mundial, dividiéndolo en sectores dominados individual­mente por países poderosos. Pese al considerable incre­mento de la población del planeta, el intercambio comer­cial de ciento nueve países del mundo decayó casi en una cuarta parte durante la década anterior a la guerra actual. En algunos países el comercio exterior se redujo a la mitad, a la tercera o a la cuarta parte.
Los países coloniales sufren sus propias crisis internas y las de los centros metropolitanos. Naciones atrasadas que ayer todavía eran semilibres hoy están esclavizadas (Abisinia, Albania, China…)
Todos los países impe­rialistas necesitan poseer fuentes de materias primas sobre todo pasa la guerra, es decir, para una nueva lucha por las materias primas. A fin de enriquecerse posteriormente, los capitalistas están destruyendo y asolando el producto del trabajo de siglos enteros.
El mundo capitalista decadente está superpoblado. La admisión de cien refugiados extras constituye un problema grave para una potencia mundial como Estados Uni­dos. En la era de la aviación, el teléfono, el telégrafo, la radio y la televisión, los pasaportes y las visas paralizar el traslado de uno a otro país. La época de la decadencia del comercio exterior e interior es al mismo tiempo la de la intensificación monstruosa del chovinismo, especialmente del antisemitismo.
El capitalismo, cuando surgió, sacó al pueblo judío del guetto y lo utilizó como instru­mento de su expansión comercial. Hoy la sociedad capi­talista en decadencia trata de expulsar por todos sus poros al pueblo judío; ¡entre dos mil millones de perso­nas que habitan el globo, diecisiete millones, es decir menos del uno por ciento, ya no pueden encontrar un lugar donde vivir! Entre las vastas extensiones de tierras y las maravillas de la tecnología, que además de la tierra conquistó los cielos para el hombre, la burguesía logró convertir nuestro planeta en una sucia prisión. 
[...]
El Manifiesto termina con estas palabras:
¡Esta no es nuestra guerra!
Al mismo tiempo, no nos olvidamos ni por un mo­mento de que esta guerra no es nuestra guerra. A diferencia de la Segunda y la Tercera Internacional, la Cuarta Internacional no construye su política en función de los avatares militares de los estados capitalistas sino de la transformación de la guerra imperialista en una guerra de los obreros contra los capitalistas, del derrocamiento de la clase dominante en todos los países, de la revolu­ción socialista mundial. Los cambios que se producen en el frente, la destrucción de los capitales nacionales, la ocupación de territorios, la caída de algunos estados, desde este punto de vista sólo constituyen trágicos episo­dios en el camino a la reconstrucción de la sociedad moderna.
Independientemente del curso de la guerra, cumplimos nuestro objetivo básico: explicamos a los obreros que sus intereses son irreconciliables con los del capitalismo sediento de sangre; movilizamos a los trabajadores contra el imperialismo; propagandizamos la unidad de los obreros de todos los países beligerantes y neutrales; llamamos a la fraternización entre obreros y soldados dentro de cada país y entre los soldados que están en lados opuestos de las trincheras en el campo de batalla; movilizamos a las mujeres y los jóvenes contra la guerra; preparamos cons­tante, persistente e incansablemente la revolución en las fábricas, los molinos, las aldeas, los cuarteles, el frente y la flota.
Este es nuestro programa. ¡Proletarios del mundo, no hay otra salida que la de unirse bajo el estandarte de la Cuarta Internacional!
 
La totalidad del documento se puede encontrar en: 
"Manifiesto de emergencia". Aprobado por la Conferencia Extraordinaria celebrada del 19 al 26 de mayo de 1940, en Nueva York. Escritos León Trotsky, Libro 6. 1938-40. CEIP

miércoles, 27 de marzo de 2013

IV INTERNACIONAL
 
La IV Internacional fue una organización internacional de partidos comunistas seguidores de las ideas de Karl Marx, Vladimir Ilich Uliánov Lenin y León Trotsky, quien además fue su principal dirigente. Fue establecida en un congreso de delegados en París en septiembre de 1938, donde fue aprobado el Programa de Transición. La IV Internacional es heredera de todas las internacionales obreras, pero su modelo organizativo y programa político se basa en los cuatro primeros congresos de la III Internacional.
 
Logo de la Cuarta internacional
 

Las internacionales obreras

La fundación de la Primera Internacional fue el primer intento de los sectores más avanzados del movimiento obrero de dar una expresión organizativa a la política internacionalista de la revolución proletaria. En ella jugaron un papel destacado Marx y Engels.
La Segunda Internacional (1889), de la cual Engels fue uno de sus fundadores, terminó apoyando a los gobiernos de los países imperialistas votando a favor de los créditos de guerra para la Primera Guerra Mundial, enfrentando a los trabajadores de los distintos países resultando una de las mayores matanzas de la historia.
Ante éstos hechos, el Partido Bolchevique fundó la Tercera Internacional después de la Revolución Rusa para recuperar la política revolucionaria a escala internacional. Después del triunfo de Stalin y la burocratización del estado soviético, la Tercera Internacional se convirtió en un instrumento de la política exterior de la URSS y de su política del socialismo en un solo país.
La necesidad de construir la Cuarta Internacional había sido proclamada por Trotski al considerar que la Tercera Internacional había renunciado a defender los intereses de proletariado internacional, como se comprobaba por las grandes traiciones de los PC´s en Alemania, Francia y España durante la década de los 30, resultando la victoria del fascismo en gran parte de Europa. La IV Internacional se fundó de hecho en una conferencia en el año 1938.

La IV Internacional

Leon Trotsky entendía la Internacional como el partido mundial de la revolución proletaria, con secciones en los diferentes países que actuaran como un todo (con un régimen interno de centralismo democrático) en pos de la revolución mundial. Los ejes programáticos se basaron en la teoría de la revolución permanente, el Programa de Transición y el internacionalismo; por tanto se defendía que la revolución socialista sólo podría triunfar definitivamente si se daba a nivel mundial.
La sede del Secretariado General fue traslada a Nueva York al comenzar la Segunda Guerra Mundial en 1939.
En 1940 el que entonces era el partido más importante de la Cuarta Internacional, el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) de los Estados Unidos, sufrió una división. La escisión fue protagonizada por una fracción minoritaria encabezada por Max Schachtman y James Burnman que discrepaba con las posiciones de Trotsky y James Cannon.
El asesinato de Trotsky en agosto de 1940 por un agente español (Ramón Mercader) de la NKVD mandado por Stalin, significó un grave golpe político para la Cuarta Internacional que quedó muy debilitada, con una dirección muy joven e inexperta elegida tras la Segunda Guerra Mundial en 1946 en el segundo congreso mundial.
 
Graffiti en el País Vasco en honor de James Cannon, destacado trotskista norteamericano
 
El primer gran desafío y crisis se produjo en 1953, cuando distintos grupos (entre ellos el Partido Socialista de los Trabajadores Argentino, el Partido Comunista Internacionalista francés o el SWP norteamericano) se negaron a aceptar las tesis mayoritarias impulsadas por Michel Pablo (seudónimo del trotskista de origen griego Michel Raptis), quien defendía que al estallar una inmediata Tercera Guerra Mundial, los PC´s estalinistas tomarían un papel revolucionario al enfrentarse violentamente al imperialismo; por tanto, en los estado obreros burocráticos la gran tarea no sería construir partidos trotskistas revolucionarios, si no entrar a los PC´s estalinistas para impulsarlos a tomar el poder. La internacional acabó el proceso rota en diversas fracciones, y las secciones que siguieron la política pablista fueron destruidas y sus cuadros absorvidos por los PC´s.
En la década de los 60 se produjo una reunificación en torno al planteamiento de que la revolución cubana había producido un nuevo estado obrero. El recién creado Secretariado Unificado tendría como dirigentes a los principales líderes que se negaron a aplicar la política pablista, entre ellos al belga Ernest Mandel, a James Cannon del SWP americano y a Nahuel Moreno del PST argentino. Sin embargo la reunificación duró poco, al defender Mandel la construcción de guerrillas foquistas dejando en un segundo plano al partido revolucionario de masas. Los grupos norteamericano y argentino rechazaron ésta política. Nuevamente la internacional estaba rota.
   

La IV Internacional en la actualidad

Hoy día existen numerosas agrupaciones que se reivindican herederos de la IV Internacional, aunque también buena parte de quienes la conformaron, renunciaron a su legado. A continuación un resumen de algunas de estas "internacionales":
El Secretariado Unificado de tradición mandelista, sigue reivindicando la denominación de la IV Internacional, aunque ha renunciado a alguna de sus bases prográmaticas, como el centralismo democrático (funcionando como una federación de partidos, y no como un partido mundial) o participando o apoyando gobiernos burgueses, como el de Prodi en Italia o el de Lula en Brasil.
De la sección inglesa de la IV Internacional provenía Ted Grant, fundador y teórico de la Corriente Marxista Internacional, fallecido en 2006. Su principal característica, que la diferencia de cualquier otro grupo, es que la CMI se orienta a las organizaciones de masas de la clase obrera. En consecuencia, esta organizacíón ha renunciado a la reagrupación del trotskismo internacional y no mantiene ningún tipo de relación con la amalgama de grupos que se proclaman la IV Internacional. Actualmente, su dirigente y teórico más conocido es Alan Woods. La CMI está presente en más de 30 paises. En Venezuela y Brasil encabeza los movimientos de ocupación de empresas y en España dirige el Sindicato de Estudiantes. Posee también una notable influencia en el Partido del Pueblo de Pakistán.
El grupo fundado por Nahuel Moreno, la Liga Internacional de los Trabajadores - Cuarta Internacional (LIT-CI) plantea la reconstrucción de la internacional en base a un programa revolucionario. Está presente especialmente en latinoamérica (donde destaca el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) y en Europa (destacando el Partido Revolucionario de los Trabajadores - Izquierda Revolucionaria (PRT-IR) de España o el Partido de Alternativa Comunista (PdAC) italiano.
En 1997 se funda en Génova, Italia, el Movimiento por la Refundación de la Cuarta Internacional que reagrupaba a partidos trotskistas de Sudamérica y Europa. Siete años más tarde, en 2004, esta organización se convierte en la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI) con secciones en 3 continentes y 10 países, entre las que se encuentran: el Partido Obrero de Argentina, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia, el Partido de los Trabajadores de Uruguay y el Partido Comunista de los Trabajadores de Italia. [1]
También encontramos la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional, (FT-CI) que rompió con el morenismo creando una corriente internacional. Destacaremos el Partido de Trabajadores por el Socialismo de Argentina, Liga Estratégia Revolucionária de Brasil o Clase Contra Clase de España.
De las ideas de Tony Cliff se formo la Socialist Workers Party que a nivel internacional conforman la International Socialist Tendency. Este grupo se alejo de la IV internacional por su definición de la URSS como Capitalismo de Estado aunque ellos se siguen considerando en parte herederos de las ideas de Trotsky.
Procedente del Partido Comunista Internacionalista francés de Pierre Lambert, encontramos la Corriente Comunista Internacional que reproclamó en 1993 la IV Internacional, aunque no es reconocida por ningún otro grupo.
Además existen otros grupos que se consideran parte de o la propia la IV Internacional, como Lucha Obrera en Francia.
Hoy día, el gran desafío de quienes se consideran herederos de la tradición trotskista de la IV Internacional es la conformación de una nueva dirección revolucionaria mundial que recupere las tradiciones del movimiento comunista (especialmente de la experiencia del partido bolchevique, sintetizadas por Lenin y Trotsky) para impulsar y liderar la revolución socialista internacional.

Referencias

Enlaces externos